Kitchen Table Economics

Tener pocos ahorros es señal de una economía en apuros

Cuando estamos por cumplir casi una década de la Gran Recesión, parece que ahorrar sigue siendo ardua tarea para la mayoría de americanos. Según una reciente encuesta, el 63% de los americanos no tiene suficiente dinero ahorrado para hacer frente a una inesperada reparación de $500 para su auto o una visita a la sala de urgencias por valor de $1,000. De 1,000 adultos encuestados, sólo el 37% afirmó que podría pagar la factura directamente con sus ahorros, mientras que el resto declaró que recortarían gastos, usarían sus tarjetas de crédito o pedirían dinero prestado para cubrir los costos.

Una encuesta similar del pasado mes de junio sugería que casi un tercio del país no dispone de ningún ahorro para emergencias, el nivel más alto en cinco años. Uno de los motivos es la enorme cantidad de deuda por tarjetas de crédito y préstamos estudiantiles que asfixian a recién graduados e incluso a profesionales experimentados y que los obliga a saldar anteriores obligaciones en lugar de poder ahorrar para el futuro. Las deudas pendientes también implican que no pueden gastar más en bienes y servicios útiles, que son elementos que impulsan la economía de Estados Unidos.

Esto viene a demostrar la persistente debilidad de la economía a gran escala. A pesar de que los políticos pregonen como una señal de fortaleza las recientes cifras de crecimiento del empleo (la economía sumó 292,000 empleos en diciembre) y que el índice de desempleo se mantenga constante en el 5%, hay muchos motivos para preocuparse, más allá de lo que pueda parecer a primera vista. El índice de participación en la población activa, que mide el porcentaje de americanos que actualmente forman parte de la misma, está en torno al 63%, el nivel más bajo desde los años 70. Muchas personas que buscan trabajo están dejando de hacerlo, algo que no se contabiliza en el índice de desempleo pero que apunta a un débil mercado laboral.

Por otro lado, entre quienes tienen trabajo, los sueldos están creciendo muy lentamente, en el caso de que lo hagan. De hecho, el promedio de ingresos por hora de los americanos sólo aumentó un 2.5% respecto al año anterior. Súmele a eso la volatilidad del mercado bursátil chino y una posible ralentización de la economía mundial, y la mera idea de ahorrar (y gastar) dinero parece más que nada una fantasía.

Y las regulaciones públicas no ayudan. La Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB), una agencia de supervisión federal, duplicó el número de casos abiertos en 2015, en su empeño por monitorizar más de cerca el proceso de préstamos bancarios. La CFPB (creada por la revisión general del sistema financiero que supuso en 2010 la legislación Dodd-Frank) centra su atención especialmente en regular pequeños préstamos a corto plazo para dificultar el que personas y pequeñas empresas tengan acceso al crédito. Como ya hemos indicado, alrededor del 60% de los pequeños empresarios explican que la burocracia del gobierno amenaza la viabilidad de sus empresas.

Aunque sean unos cientos de dólares, lo último que necesitan quienes luchan por ahorrar es encontrarse un estorbo ante los que sí están dispuestos a darles un préstamo. Con la economía en esta situación, los americanos que no disponen de efectivo merecen políticas públicas inteligentes, capaces de abordar la incertidumbre económica y no la carga de una pesada burocracia.