Kitchen Table Economics

Camp Bow Wow y el modelo de franquicias

La columna de opinión de la fundadora de Camp Bow Wow, Heidi Ganah, que se publicó en el Colorado Springs Gazette

El presidente se centró en la “economía de la clase media” durante su discurso sobre el Estado de la Unión de la semana pasada. Resulta irónico dado cómo su Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) está amenazando uno de los principales recursos con los que cuenta la clase media del país: el sistema de franquicias.

Como directora ejecutiva y fundadora de Camp Bow Wow, comprendo de primera mano el poder del sistema de franquicias. Viuda y sin dinero antes de siquiera haber cumplido los 30 años, tuve una sencilla idea para crear una empresa: el cuidado diurno de perros. La idea despegó, pero pronto me quedó claro que no tenía ni los fondos ni el tiempo necesario para ampliarla de forma significativa.

Así que al igual que otros miles de empresarios, me decidí por las franquicias. Para mí, era una apuesta segura que lograría hacer que mi idea de empresa germinara, y para los franquiciados, que recibían un modelo de empresa ya elaborado a un precio razonable. Cientos de miles de dueños de mascotas en 40 estados están encantados de que lo hiciera. ¡Por no hablar de los perros!

Este modelo de franquicia dio forma práctica a miles de reconocidas empresas americanas en cientos de sectores. Es responsable de la existencia de 770,000 pequeñas empresas, sustenta 18 millones de empleos y aporta más de $2 billones a nuestra economía.

Pero la NLRB está dispuesta a poner en riesgo todo este éxito. Su asesor principal recomendó el mes pasado que se considerara a los franquiciadores como “empleadores conjuntos” con sus franquiciados, atacando la esencia de uno de los modelos de negocio más exitosos de la historia de Estados Unidos.

Si la NLRB acepta esta recomendación, los franquiciadores como yo nos convertiríamos en responsables de las miles de decisiones que toman cada día los franquiciados, que básicamente son pequeñas empresas independientes. En otras palabras, si un perro se hace daño a causa de la negligencia de un empleado de mi franquiciado en Luisiana, se me podría hacer responsable conjunto.

Mi seguro de responsabilidad se dispararía por las nubes. Yo tendría que repercutir esos costos en mis franquiciados, amenazando así su viabilidad empresarial. Este incremento de los costos impediría que cientos de miles de emprendedores persiguieran su sueño de convertirse en pequeños empresarios.

Los riesgos de responsabilidad obligarían igualmente a los franquiciadores a volverse mucho más selectivos respecto a con quién establecen una franquicia, perjudicando a aquellos que no contasen con un probado historial de éxito empresarial.

Esto afectaría de manera desproporcionada a las minorías, que constituyen 1 de cada 5 propietarios de una franquicia, así como a las mujeres.

En Camp Bow Wow, 1 de cada 3 franquicias son propiedad exclusiva de mujeres y el 75% son propiedad de al menos una mujer (como comparación, en el mundo empresarial, sólo el 6% de los directores ejecutivos son mujeres).

Costos aparte, esta decisión provocaría enormes quebraderos de cabeza, obligando a empresarios como yo a microgestionar decisiones locales como las nóminas, el personal y las decisiones operativas.

Una de las grandes ventajas del sistema de franquicias es que permite a los franquiciados un grado de autonomía más allá de los niveles básicos a la hora de tomar decisiones según sus conocimientos tácitos. Créanme, los franquiciados no quieren que las sedes centrales de las empresas estén metiendo la nariz en sus asuntos diarios.

Cientos de miles de americanos pueden atribuir al sistema de franquicias el origen de su pertenencia a la clase media. Millones más le deben a este sistema la abundancia de bienes y servicios de calidad de los que hacen uso a diario. Se trata de uno de los pilares de la “economía de la clase media” – algo que, si el presidente en serio quiere fomentar, debería explicar a su NLRB.