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Inversión tributaria: ¿Suerte de los irlandeses o mala política tributaria?

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Este Día de San Patricio, Irlanda tiene mucho que celebrar. Gracias a su bajo tipo impositivo sobre sociedades (12.5% para todos), la Isla Esmeralda es considerada como un entorno favorable para las empresas y está atrayendo a compañías americanas hasta sus verdes costas no sólo con unos tipos impositivos más asequibles, sino también con un código tributario más sencillo.

Irlanda lleva mucho tiempo atrayendo compañías americanas como escape de los poco competitivos impuestos americanos, y así poder disponer de más dinero para invertir en nuevos productos, nuevas contrataciones y nuevo marketing. Johnson Controls, una compañía de repuestos de Milwaukee, se fusionó recientemente con Tyco International, con sede en Irlanda, para trasladar sus oficinas centrales a este país, incrementado así el dinero que tendrán disponible para invertir. Pfizer es otro ejemplo y se fusionó el año pasado con el gigante farmacéutico irlandés Allergan con el objetivo de seguir siendo competitivos. De hecho, nueve de las diez principales compañías farmacéuticas del mundo operan desde Irlanda, junto a titanes tecnológicos como Facebook, Google y Twitter.

Es fácil entender el porqué: el impuesto sobre sociedades de Estados Unidos ronda el 35%, el mayor del mundo desarrollado, y los beneficios en el exterior sufren la doble tributación. La denominada “inversión tributaria”, por la cual las compañías de Estados Unidos mudan su sede central al extranjero para obtener tipos impositivos más bajos allí, es la forma que tienen los empresarios americanos de ahorrarse dinero en su factura tributaria y de disponer de más capital para poder invertir en nuevo personal y nuevas instalaciones. Menos dinero para el Servicio de Impuestos Internos (IRS) significa más dinero para la expansión de las empresas y la creación de empleos.

Las compañías que suelen realizar esta inversión tributaria son las que tienen que competir intensamente a nivel internacional. Otro problema con el actual sistema es que las compañías extranjeras reciben la misma protección que las americanas, pero pueden evitar los elevados impuestos de Estados Unidos. Sin la inversión tributaria, las compañías de Estados Unidos compiten contra las extranjeras con un brazo amarrado a la espalda.

Con el sistema actual, se calcula que las compañías de Estados Unidos mantienen 2.1 billones de dólares en el extranjero para evitar la doble imposición sobre los beneficios obtenidos en el exterior, un dinero que se podría usar para invertirlo en la economía americana, cosa que no está ocurriendo.

Entonces, ¿cómo solucionamos el problema? Pues muy sencillo: reduciendo el tipo impositivo sobre sociedades para fomentar que los creadores de empleo no hagan las maletas y se queden en el país. Tax Foundation halló que una reducción del tipo del 35% al 25% aumentaría el producto interior bruto (PIB) en un 2.3%, mientras que una reducción al 15% (y aun así seguiría siendo mayor que el impuesto irlandés sobre sociedades) impulsaría el PIB en un 4.3%. Dependiendo del tamaño de la reducción, se estima que también crearía entre 425,000 y 613,000 empleos.

Como hemos visto con otras normativas públicas, ayudar a que los creadores de empleo se puedan quedar con más de su dinero ayuda en última instancia a las personas que buscan trabajo y que dependen de ellos para sus oportunidades laborales.

Pero hasta que eso suceda, Irlanda seguirá siendo la gran beneficiada de nuestra mala política tributaria.