Kitchen Table Economics

Los subsidios no rebajan los costos, los aumentan

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El New York Times informaba recientemente que "el 86%" de los inscritos en la Ley de Salud Asequible (ACA) recibe subsidios del gobierno. Gran parte de los medios de comunicación siguen creyendo que los subsidios de salud equivalen a "menores costos" para los consumidores; francamente lo están entendiendo todo al revés.

En primer lugar, los subsidios no son como los vales de descuento en las tiendas. En realidad, el gobierno usa el dinero duramente ganado por el contribuyente para ayudar a pagar las subvenciones, préstamos y desgravaciones fiscales específicas del gobierno de los que disfrutan muchas personas. En segundo lugar, los subsidios hacen que bienes y servicios, como la atención médica, sean más caros en el mercado. Piénselo. Cuando el gobierno se mete a pagar una parte o la totalidad de un gasto, ¿por qué haría falta que los proveedores controlen el costo de sus productos? Después de todo, los proveedores están recibiendo su dinero, ya sea de nuestras manos, del gobierno o de una combinación de ambos.

Veamos por ejemplo la educación universitaria. En 1970, la familia americana promedio sólo tenía que gastar cerca del 16% de sus ingresos anuales para pagar una matrícula de cuatro años en una universidad privada. Sin embargo, hoy en día, la familia promedio tendría que usar el 36% de sus ingresos para pagar por esa misma educación. Todo mientras los préstamos estudiantiles federales y las becas—subsidios—han aumentado de unos $20,000 millones en 1972 a más de $150,000 millones en 2012.

Si bien es común escuchar quejas por los altos costos de ir a la universidad, mucho menos se habla sobre cómo la política del gobierno ha creado este problema al tratar de "ayudar" a los estudiantes a pagar por la educación superior. Esta bien intencionada iniciativa para ayudar a los estudiantes nos ha permitido olvidar cuánto cuesta en realidad estudiar en la universidad. Con ello, el gobierno en efecto les dio a las universidades la potestad de aumentar los precios de la educación universitaria al ofrecerse a aportar fondos federales con el fin de mantener los costos relativamente estables para sus clientes (los estudiantes). Al hacerlo, las universidades podrían mantener la base de clientes con la que contaban.

Con los precios de los alimentos también pasa lo mismo y éstos han subido debido a los subsidios del gobierno. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que la política agraria de Estados Unidos cuesta a los consumidores $12,000 millones al año, lo que equivale a un "impuesto promedio anual a los alimentos de $104 por hogar". Otro ejemplo es el precios de boletos de trenes de Amtrak, que han aumentado aproximadamente un 50% en la última década a pesar de—o debido a—que la compañía recibió más de $1,500 millones en subsidios en 2013. Los subsidios permiten que los productores suban los costos de sus productos al sentirse protegidos contra el riesgo de perder clientela.

De la misma forma que los subsidios hicieron subir los costos de estos bienes, así también harán subir el costo de la atención médica. Los subsidios permitirán a las compañías de seguros subir el costo del seguro médico al tiempo que mantienen su base de clientes mediante los subsidios de la Ley de Salud Asequible.

Para empeorar la situación, ya que los subsidios se pagan con el dinero de nuestros impuestos, no sólo estamos pagando las subvenciones sino que también estamos comprando el producto. Esperemos que cuando la Corte Suprema revise la Ley de Salud en la audiencia del caso King contra Burwell, tengan en cuenta el impacto que los subsidios federales tendrán en el consumidor.