Kitchen Table Economics

Más trabajo, menos asistencia social

Group of Multiethnic Busy People Working in an Office

 

Después de seis años de una recuperación económica que no ha servido para ayudar de forma significativa a la clase trabajadora de Estados Unidos, nuestra nación se enfrenta a una crisis de pobreza arraigada y menos oportunidades.

A pesar de las afirmaciones de que la economía se ha recuperado a lo grande, el crecimiento del PIB sigue siendo anémico (en realidad, negativo el primer trimestre). Por más de 18 meses, la participación laboral se ha atascado en mínimos no vistos desde la administración Carter.

El resultado es que las cifras laborales del mes de mayo muestran que mientras la población elegible para trabajar ha aumentado en 17.5 millones de personas, unas 550,000 menos están trabajando ahora a tiempo completo que antes de la recesión.

No es sorprendente que siga creciendo el número de personas que dependen de los beneficios SNAP (cupones para alimentos), asistencia federal para la vivienda y Medicaid. El número de personas que reciben beneficios SNAP se ha duplicado desde 2008 alcanzando la cifra de 74.7 millones; en ciudades con problemas como Baltimore, más de uno de cada tres residentes los reciben.

Estos importantes programas realmente ayudan a personas necesitadas y somos una nación lo suficientemente rica como para ayudar económicamente a los más desfavorecidos. Sin embargo, estos programas acarrean la consecuencia no deseada de desincentivar el empleo en lugar de fomentar la independencia, la autosuficiencia y el orgullo personal.

En los restaurantes de comida rápida Carl’s Jr. y Hardee’s hemos visto directamente las consecuencias no deseadas de esta política.

Piense lo que es ver cómo algunos de nuestros "miembros de equipo" rechazan ser promovidos a "jefe de turno" porque la subida de sueldo los descalificaría para seguir recibiendo cupones de alimentos, subsidio a la vivienda, subsidio médico u otros beneficios del gobierno.

Estas promociones representan el primer paso para convertirse en gerente general, donde podrían ganar hasta $80,000 al año. Es una lástima que no puedan aceptar las promociones por temor a perder la asistencia pública. A raíz de los aumentos de salario mínimo a nivel local, otros empleados han rechazado trabajar más horas o han solicitado una jornada laboral más corta para así mantener sus ingresos por debajo del límite exigido para recibir beneficios.

Llamada por expertos en política como la "Cuesta de los beneficios sociales”, esta creciente tendencia es sencillamente la manera cómo la gente responde a los incentivos. La gente simplemente se queda atrapada en el dilema de trabajar menos y mantener valiosos beneficios o trabajar más y perderlos.

Por ejemplo, los requisitos para recibir cupones de alimentos exigen que el ingreso anual no supere el 130% del umbral de la pobreza, o poco más de $15,000 anualmente (para una persona). Al cobrar $8.25 la hora o menos, los empleados pueden trabajar a tiempo completo 35 horas a la semana y todavía cumplir los requisitos para recibir estos beneficios. Pero cuando el salario mínimo aumenta por encima de este nivel –como ha sucedido recientemente en muchas ciudades y estados– los empleados deben reducir sus horas laborales para no perder sus beneficios.

Del mismo modo, en la mayoría de los estados el poder recibir Medicaid acaba cuando el ingreso anual supera el 138% del umbral de la pobreza (para una persona). Es comprensible que algunos empleados opten por trabajar menos y mantener los miles de dólares en beneficios sociales en lugar de trabajar un poco más y perderlos.

El impacto que la pérdida de beneficios sociales tiene en la seguridad financiera de personas sufriendo pobreza puede ser severo. Puede condenarlas permanentemente a la pobreza al hacer que el abismo entre dependencia pública e independencia sea demasiado grande como para dar el salto

Como resultado, la gente renuncia a la oportunidad a cambio de seguridad, lo que les impide lograr la independencia y la autosuficiencia que el éxito personal y un empleo representan.

Hay una solución que cumple con la obligación de la sociedad de ayudar a los pobres sin reducir la oportunidad: El Crédito Tributario por Ingreso del Trabajo (EITC).

El EITC complementa los ingresos de los trabajadores pobres mediante el código fiscal. En lugar de acceder a innumerables y complejos programas públicos, las personas reciben un cheque del gobierno como complemento a su sueldo.

A medida que sus ingresos laborales aumentan, el suplemento que paga el gobierno baja. La reducción, sin embargo, no es tan drástica como para disminuir los ingresos totales. Cuanto más se trabaja, más se gana, por tanto recompensa trabajar, sin incentivos perversos (y sin una masiva burocracia pública) que son característicos de los programas sociales existentes.

El Servicio de Impuestos Internos (IRS) estimó recientemente que cerca de 28 millones de americanos recibieron más de $66,000 millones en pagos EITC en 2013, sacando de la pobreza a unos 6.5 millones de personas, incluyendo a 3.3 millones de niños. Si bien no cabe duda que los programas que proporcionan alimentos, vivienda y seguro médico son importantes, el EITC es más eficaz a la hora de ayudar a la gente a salir de la pobreza. Estos programas existentes deberían convertirse en parte de la ampliación del EITC.

La única manera de reducir verdaderamente la pobreza y, por fin lograr que la economía funcione de nuevo a favor de los americanos de la clase trabajadora, es creando mayores oportunidades para los más desfavorecidos.

Los candidatos presidenciales a las primarias en ambos partidos deberían tener el valor de respaldar la ampliación del EITC como medio para rescatar a millones de americanos ante un futuro sin esperanza porque los programas de bienestar social existentes los atrapan en un ciclo de pobreza.

 

Andy Puzder es el jefe ejecutivo de CKE Restaurants Holdings, Inc. y miembro de Job Creators Network