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¿Es la Ley de Igualdad Salarial realmente justa para la mujer?

Las mujeres ganan aproximadamente 82 centavos por cada dólar que gana un hombre. Algunos políticos piensan que esto es injusto y quieren “arreglar” esa brecha con una ley llamada ‘Paycheck Fairness Act’  o la Ley de Igualdad Salarial.

Pero esa diferencia de 18 centavos va más allá de la simple “justicia”.

Las personas y las decisiones sobre sus carreras son individuales, no partes de una ecuación matemática.

Un camionero (generalmente un hombre) ganará más dinero que una peluquera (generalmente una mujer). No por discriminación, sino simplemente por la diferente naturaleza de los trabajos.

Además, los hijos mantienen a muchas mujeres fuera del mundo laboral más a menudo que a los hombres. Eso significa que un hombre –o una mujer– puede llevar más tiempo en el trabajo y por tanto tener un mejor sueldo que una mujer que tenga el mismo trabajo, pero que se haya tomado un tiempo para quedarse en casa y cuidar de sus hijos.

Cuando estas diferencias y otros factores no monetarios se eliminan de la ecuación de los niveles salariales, la brecha salarial prácticamente desaparece.

Ya hay una ley de hace 50 años ilegalizando que se pague menos a una mujer que tenga la misma experiencia y calificaciones cuando realice el mismo trabajo que un hombre.

La propuesta de Ley de Igualdad Salarial presupone que cualquier diferencia de salario entre un hombre y una mujer podría ser discriminatoria. Una contadora con tres años de experiencia que gana menos que un contador con 10 años de experiencia podría presentar una demanda judicial, lo que obligaría a su empleador a gastar tiempo y dinero para demostrar que la diferencia no es por discriminación sexual.

Sin embargo, un hombre que se enfrentase al mismo caso y diferencia de sueldo no podría presentar esa demanda judicial.

Por tanto, un empleador con planes de contratar a un hombre y a una mujer para que trabajen junto a un hombre con más experiencia y mayor salario, probablemente tomaría la decisión más segura y contrataría a un segundo hombre. Con el hombre, el empleador correría menos riesgos de que lo demandaran judicialmente que si contratase a la mujer.

La Ley de Igualdad Salarial no arreglará la “injusticia”, sino que provocará un verdadero problema de injusticia para las mujeres a las que se supone busca ayudar.