Kitchen Table Economics

¿Es malo tener un Congreso que ‘no hace nada’?

Un gobierno dividido generalmente se traduce en moderación fiscal
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El índice de aprobación del Congreso está en el nivel más bajo de su historia. Sólo el 14% de las personas encuestadas aprueban del trabajo que está haciendo. Parte de la razón de esta desaprobación se debe a que el Congreso no está aprobando un gran número de leyes. O como escuchamos frecuentemente: “El Congreso no está haciendo su trabajo”.

Esta queja tiene algo de verdad. En estos últimos años, el Congreso sólo ha aprobado cerca de 100 nuevos proyectos de ley, mucho menos que su promedio histórico de 300. Esto es debido a que el Congreso ha estado dividido desde 2011, con los republicanos controlando la Cámara de Representantes, y los demócratas controlando el Senado. Esta división ha provocado que las dos Cámaras no hayan estado de acuerdo en muchos de los proyectos de ley que debía ratificar el presidente.

Pero un gobierno dividido que a veces detiene el proceso legislativo puede en algunas ocasiones ser algo bueno, especialmente si Ud. valora la moderación fiscal. Un buen número de análisis demuestran que cuando el gobierno tiene dificultades para ponerse de acuerdo en aprobar nuevas iniciativas, se gasta menos dinero de nuestros impuestos. Por ejemplo, los dos periodos de moderación fiscal en los periodos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, bajo las administraciones de los presidentes Eisenhower y Clinton, surgieron bajo gobiernos divididos. Esto generalmente significa menos déficit y menos acumulación de la deuda que después de todo se tienen que financiar con el dinero de los impuestos. También hemos visto este tipo de moderación fiscal bajo el actual gobierno dividido: los gastos del gobierno federal se han mantenido relativamente estables durante los últimos cuatro años.

Esto fue lo que los Padres Fundadores de Estados Unidos buscaban cuando concibieron este sistema de gobierno, de modo que estuviese dividido la mayor parte del tiempo. El equilibrio de poderes se instauró—entre otras razones—para servir como control de las “pasiones populistas” del momento, que de otra manera se podrían materializar mucho más fácilmente, pero que potencialmente darían como resultado una severa resaca varios años más tarde, cuando las pasiones se moderasen. En otras palabras, los Fundadores querían que los americanos estuviesen realmente seguros de una posible nueva ley antes de implementarla. En este sentido, no es algo malo tener un gobierno dividido y que “no hace nada”.

El hecho es que un gobierno dividido refleja un país dividido. Y el país está dividido: aproximadamente la mitad del país está abogando por políticas que cambien al país acercándolo a un estilo de gobierno europeo y socialdemócrata, caracterizado por el aumento de la influencia del gobierno en nuestras vidas. La otra mitad quiere políticas que centren su atención en el concepto tradicional de los derechos individuales, caracterizados por menor influencia del gobierno en nuestras vidas. Mientras tiene lugar este conflicto de visiones ideológicas, ambas partes apreciarán el papel que juega un Congreso que “no hace nada” a la hora de moderar de la agenda del contrario.