Kitchen Table Economics

¿Cómo funciona el Seguro Social en su caso?

Tanto empleados como empleadores trabajan muy duro para pagar las contribuciones que aportan al Seguro Social. Pero, ¿está el gobierno permitiendo que a su vez ese dinero produzca lo suficientemente bien para la gente que lo aportó?
Social Security Illustration

Nuestro programa del Seguro Social funciona desde 1935 y se creó en un principio para proporcionar a los americanos ingresos mínimos en concepto de jubilación. Se cubre con el dinero ganado por cada trabajador de Estados Unidos. A día de hoy, ese costo equivale al 12.4% del total de nuestros salarios (aunque se dejan de aplicar cuando los ingresos anuales de una persona superan los $117,000).

Esos pagos al Seguro Social se dividen por la mitad, estando obligado el trabajador a abonar el 6.2% mientras que el empleador contribuye el otro 6.2%. Así, aunque un trabajador con una nómina semanal de $1,000 ve que se le deducen $62, hay otros $62 que el empleador debe aportar. En otras palabras, los pagos al Seguro Social elevan el costo real para el empleador de esa nómina hasta los $1062.

A los trabajadores nacidos después de 1960 se les permite que reciban la totalidad de sus pagos al Seguro Social en concepto de jubilación, de manera mensual, una vez que cumplen 67 años. A diferencia de las cuentas personales para la jubilación, como es el caso de los fondos de inversión, el Seguro Social no pertenece a la persona que ganó el dinero. Cuando un trabajador fallece, a menos que le sobreviva conyuge o hijos menores, el gobierno se queda con el resto de ese dinero. Esto se cumple incluso si un trabajador fallece antes de la edad de jubilación.

Presidentes de ambos partidos políticos, como el demócrata Bill Clinton y el republicano George W. Bush, han propuesto que se permita a los trabajadores ser propietarios de ese dinero e invertir ellos mismos parte de sus ahorros del Seguro Social. Un sencillo ejercicio matemático demuestra por qué esta idea podría resultar atractiva.

Supongamos que una trabajadora que tenía 22 años en 1990 pudiera quedarse con su parte del 6.2% del Seguro Social e invertirlo ella misma, dejando que el gobierno se quedara con el 6.2% que paga el empleador para un programa de asistencia social durante la jubilación que prestase servicio a ciudadanos con bajos ingresos y a discapacitados.

Nuestra joven de 22 años podría haber empezado ganando $26,000 en 1990. Supongamos que sólo recibió pequeños aumentos durante el resto de su vida, equivalentes únicamente a la tasa de inflación. Este año tendría 46 y ganaría alrededor de $47,000.

Un fondo de inversión convencional para la jubilación de S&P 500 ha tenido una rentabilidad promedio del 10% anual desde 1990. Si se le hubiera permitido a nuestra trabajadora que se quedase e invirtiese ella misma su 6.2% desde 1990, entonces este año ya habría ahorrado más de $190,000 para su jubilación, es decir, alrededor de cuatro veces su salario actual.

Compárese esa cantidad con la de los actuales jubilados, cuyo promedio de pagos anuales procedentes del Seguro Social es de menos de $16,000.

A ese ritmo, si se jubilase a la edad de 67 años, su salario anual final sería de alrededor de $79,000, pero sus ahorros equivalentes al Seguro Social habrían crecido a más de $1,8 millones. Eso supondría cerca de 23 veces su salario, más que suficiente para mantener ese nivel de vida por el resto de sus días.

Los empleados trabajan muy duro para aportar ese 6.2% al Seguro Social, al igual que los empleadores trabajan también muy duro para proporcionar la contribución equivalente. Pero, ¿está el gobierno permitiendo que a su vez ese dinero produzca lo suficientemente bien para la gente que lo aportó?