Kitchen Table Economics

Los altos impuestos empujan a las empresas a irse fuera

“Compañía americana se traslada al extranjero”. Todos hemos visto ya ese titular en la prensa. Ahora se puede añadir Johnson Control a la lista. El proveedor de piezas de autos con sede en Milwaukee anunció que se va a fusionar con Tyco International, con sede en Irlanda.

Esta gran maniobra es sólo el último ejemplo de la denominada “inversión tributaria”, mediante la cual una compañía reubica en el extranjero su sede para pagar menos impuestos. Recientemente, el gigante farmacéutico americano Pfizer anunció una fusión por valor de $160,000 millones con la compañía de medicamentos irlandesa Allergen. Recuérdese igualmente el caso de la adquisición por parte de Burger King por $11,000 millones de la cadena canadiense Tim Hortons.

Lógicamente hay una razón por la que la inversión tributaria es tan habitual: las compañías americanas pagan unos tipos impositivos sobre sociedades de entorno al 35% o más, mientras que sus competidores extranjeros pagan mucho menos en sus respectivos países. Irlanda, por ejemplo, tiene un tipo impositivo sobre sociedades del 12.5%. De hecho, Estados Unidos tiene el tipo impositivo sobre sociedades más elevado entre los países desarrollados. Afrontar ese pago es una dura batalla para muchas empresas. Y aquéllas que no pueden competir quedan en una posición vulnerable frente a adquisiciones extranjeras.

Trasladarse al extranjero permite a las compañías pagar menos en impuestos y conservar una gran parte de sus beneficios, que a su vez éstos se pueden utilizar para invertir de nuevo en Estados Unidos con localizaciones adicionales y nuevos empleados, y así producir más bienes y servicios para el público.

La legislación actual grava dos veces a las compañías americanas que operan en el extranjero, una vez en el país en el que obtienen los beneficios y otra vez cuando ese dinero retorna a Estados Unidos. Esta doble tributación pone en desventaja competitiva a estas compañías respecto a los competidores extranjeros, que son libres de invertir en Estados Unidos sin el temor a una doble tributación. Y eso deja a las compañías americanas con menos dinero para gastar en su expansión empresarial y laboral.

Pongamos como ejemplo a un trabajador que vive en una ciudad y se desplaza a otra para trabajar cada día. Si las normas establecieran que tendría que pagar impuestos en ambas ciudades (doble tributación), sería beneficioso para este trabajador el mudarse a la ciudad con el tipo impositivo más bajo. Hacer eso no sería egoísta ni desleal hacia una de las ciudades, simplemente le serviría para ahorrar un dinero que podría gastar de otra forma.

Pues la misma lógica se aplica a las empresas. En este momento, las compañías americanas mantienen casi $2.1 billones en el extranjero para evitar la doble tributación que les aguardaría si quisieran reinvertir ese dinero en Estados Unidos. No están siendo egoístas o antipatriotas, es simple sentido común el que quieran ahorrar dinero.

Para traer ese dinero a nuestro país, los responsables políticos deberían centrar su atención en la reforma del impuesto sobre sociedades, que haría que el clima empresarial de Estados Unidos fuese más atractivo para cualquier tipo de compañía. No soluciona nada demonizar a las compañías por respetar las reglas del juego y pagar menos impuestos en otro lugar. Como tampoco lo hace imponer más regulación pública.

Necesitamos fomentar el que las empresas se queden aquí, no abrumarlas con más normas y cobros.