Kitchen Table Economics

Viernes del Primer Empleo: Lloyd Blankfein

Cuando la gente dice “Wall Street”, inmediatamente se piensa en poder y riqueza. Sin embargo, muchos de los principales corredores de bolsa de Nueva York no nacieron con una gran fortuna, sino que pasaron muchos días y noches abriéndose camino en el mundo laboral. Estos ejecutivos se ganaron por méritos propios su vida de lujo, no mediante dinero heredado.

En nuestra sección Viernes del Primer Empleo de InformationStation.org les presentamos a líderes empresariales americanos cuyo primer peldaño en la escalera laboral estuvo muy lejos de Wall Street.

Este mes le presentamos a Lloyd Blankfein, director ejecutivo del banco de inversiones Goldman Sachs. Los eventos corporativos y las conferencias no eran algo innato en él, pero sí lo era Nueva York. Blankfein nació en el Bronx, hijo de un cartero y una recepcionista, que los criaron a él y a su hermana en Linden Houses, unas viviendas de construcción pública de Brooklyn. Desde una temprana edad, Blankfein tuvo dos cosas en mente: su equipo de béisbol favorito, los New York Yankees, y la mejor forma de ganarse la vida. Esto llevó al joven aficionado al béisbol al antiguo Estadio de los Yankees, donde encontró un empleo como vendedor de una franquicia.

Vender refrescos y maní en “las tribunas altas” fue su primera gran responsabilidad, y Blankfein comprendió que tenía que tomársela en serio, pues el trabajo era “todo a base de comisiones”, lo que implicaba que no tenía ninguna garantía de conseguir ingresos. Eso suponía subir y bajar las gradas por una “comisión del 10% o el 11%” por vender un refresco de 25 centavos, es decir, un margen de beneficios de menos de 3 centavos por refresco, según las estimaciones de Blankfein. Pero siguió ascendiendo para poder conseguir un dinero extra y la independencia que lo acompañaba. “Ayuda a forjar el carácter por cuenta propia”, recuerda Blankfein con afecto.

Pero Blankfein reconoce una importancia incluso mayor: “También se aprende que hay personas que lo pasan mal en la vida, que no les viene todo dado, sino que se tienen que ganar la vida”.

En la actualidad, como responsable de uno de los bancos de inversión más reconocidos de Estados Unidos, Blankfein aplica ese agudo sentido de la humildad a su vida empresarial: “Necesito de la buena voluntad de mis jefes, pero aún en mayor medida necesito de la buena voluntad de mis subordinados”. Quienes mejor lo conocen alaban su modestia y su humor autocrítico, una forma accesible de liderazgo poco habitual en la industria de las finanzas. A modo de ejemplo, Blankfein suele interactuar con los becarios nuevos de Goldman Sachs, haciéndoles preguntas y poniéndose en su lugar. Y agradece por ello a “cada escalón” del Estadio de los Yankees, que le enseñaron a trabajar duro y a tener los pies sobre la tierra.

A veces, vender maní (aunque se gane poquito) es la mejor receta para el éxito.