Kitchen Table Economics

Para Hollywood, el Cuco es el empresario

Doug Haugh | Publicado en el Wall Street Journal el 5 de marzo de 2015
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La película “La gran aventura Lego” no ganó ningún Óscar, ni siquiera estuvo nominada a mejor película de animación, pero su éxito, traducido en los 500 millones de dólares recaudados en taquilla, ya es señal de su impacto. Decenas de millones de niños se han visto influenciados por las malvadas hazañas de su villano, President Business (traducido al español como el Presidente Negocios). La película que sí recibió el Óscar en la categoría de largometraje de animación fue Big Hero 6, que se centra en parte en una siniestra compañía tecnológica.

Se trata de películas para niños, por lo que también incluyen gran cantidad de situaciones divertidas y personajes por los que tomar partido, aunque su atractivo sea también lo que los hace inquietantes. El mensaje de Hollywood demonizando a las empresas no es algo nuevo, pero su forma de trasladar ese mensaje a los niños a través de las películas de animación (que hoy son más fáciles y rentables de producir que nunca antes) es especialmente potente en los últimos tiempos. El género de película familiar es uno de los pocos que no han sufrido en una industria cinematográfica que anda en apuros y que se contrajo otro 5% en 2014 según la página de datos sobre la industria del cine the-numbers.com, mientras que las películas familiares con calificación G y PG crecieron un 7%.

Como presidente de la compañía de energía Mansfield y padre de dos niños de 6 y 7 años, a los que les encantan las películas de animación, he descubierto que estas caracterizaciones me afectan bastante mal en lo personal. Incitan a que mis hijos me vean no como al líder que se supone que soy, sino como la encarnación de un villano de película.

Un gran número de investigaciones académicas señala el notable impacto que dicho mensaje tiene en un público impresionable como los niños. Estos temas antiempresariales reflejan una generalizada percepción errónea sobre el rol de las empresas en la sociedad.

Sin embargo, los propios líderes empresariales se encuentran bien situados para aclarar las cosas. Éstos poseen una comprensión clara de los beneficios del sistema de libre empresa, que los economistas, desde su torre de marfil, no pueden explicar de manera razonable y que los periodistas no clarifican intelectualmente.

Hay numerosos principios económicos básicos (incluyendo la creación de empleo, el aumento salarial y la integración en la población activa) que los líderes empresariales deberían tratar de explicar mejor a sus empleados. Eso podría al menos ayudar a contrarrestar el aplastante mensaje instalado en la sociedad (fomentado por muchos políticos, comentaristas y personas influyentes del mundo de la cultura) de que la riqueza es un juego de suma cero, un pastel de porciones fijas, por cuyas migajas deben pelearse directivos, empleados y clientes bajo el arbitraje del gobierno. La actual obsesión por la desigualdad de ingresos es el epítome de esta forma de pensar.

Los líderes empresariales que trabajan a diario para aumentar los ingresos de sus compañías haciendo más ricas a otras personas (ya sean sus empleados, clientes, proveedores o accionistas) deberían hacer una firme defensa de la creación de riqueza. Deberían explicar cómo este proceso de intercambio libre y mutuamente beneficioso enriquece a ambas partes; esto aumenta el tamaño del pastel y no es que haga que se consiga una tajada mayor a costa de los demás.

Las empresas proporcionan los productos y servicios que hacen que nuestra vida sea más cómoda y a eso se debe en gran parte de que Estados Unidos se haya convertido en la nación más rica de la historia mundial. Tal vez si más padres tuvieran presentes estas ideas, surgirían conversaciones meditadas de vuelta a casa después de haber ido al cine a ver la más reciente película de entretenimiento que ataca a las empresas.

Doug Haugh es el presidente de Mansfield, una empresa energética con sede en Atlanta y miembro de Job Creators Network.