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El nuevo “Plan de Energías Limpias” podría dejar vacíos el bolsillo, la economía y la despensa

El gobierno federal está redoblando sus esfuerzos para prevenir el cambio climático con algunas nuevas normas dentro del denominado “Plan de Energías Limpias”. Este plan, como tantas otras ideas concebidas por el gobierno, podría acabar costándonos dinero en vez de beneficiarnos.

El Plan de Energías Limpias concede a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) la autoridad para decidir cuánto dióxido de carbono se debería permitir que se emitiese en las centrales eléctricas. Una parte del plan obligaría a las centrales eléctricas existentes a reducir las emisiones de dióxido de carbono un 32% respecto al nivel de 2005, dándoles de plazo hasta 2030 para hacerlo. Otra parte de este plan exige que el 28% de la energía provenga de fuentes renovables como el viento y el sol. La manera de lograr estos objetivos se deberá decidir en cada estado, eligiendo cada uno de ellos entre cuatro estrategias: mejorar las actuales centrales térmicas de carbón, transformar las centrales de carbón a gas natural, impulsar las fuentes de energía renovables y usar la energía de manera más eficiente.

Al analizar las cifras, el Plan de Energías Limpias sólo reducirá las temperaturas globales en 0.018 grados Celsius allá por el año 2100. Eso es menos de dos centésimas de grado, lo que difícilmente hará mella en la temperatura general de la Tierra. La cifra es tan pequeña que ni siquiera se recoge en el Documento Informativo de la EPA sobre el Plan de Energías Limpias.

Y lo que el plan supondría es mucho peor que un par de centésimas de grado.

Porque lo que tampoco aparece en el Documento Informativo de la EPA es cómo este Plan de Energías Limpias podría dejarnos con unas facturas de electricidad más altas, menos empleos, una economía más débil, mayor pobreza (para las minorías en particular) e incluso con hambruna a nivel mundial.

Según un experto en normativa energética, las centrales alimentadas con carbón tendrían que instalar costosos equipos de captura del carbono, que además no han sido probados, con el fin de reducir sus emisiones de dióxido de carbono. Eso significa que puede que veamos pocas centrales térmicas nuevas que utilicen carbón, en caso de que veamos alguna.

Puesto que el carbón produce alrededor del 40% de la electricidad del país, tendríamos que conseguir nuestra energía de otras fuentes más caras. Eso implica que nuestro recibo de la luz será más alto (se estima que entre un 12% y un 17% más caro, o lo que es lo mismo, $1,225 más en 2030 respecto a 2012 para una familia promedio) y mayores precios en bienes y servicios que adquirimos y que necesitan energía para usarlos (que es prácticamente todo).

En cuanto a los empleos y la economía, un estudio de la Fundación Heritage determinó que provocaría de promedio una pérdida anual de casi 300,000 puestos de trabajo, más de $2.5 billones en pérdidas en el crecimiento económico y una pérdida total de ingresos de más de $7,000 por persona.

Las personas pobres serían las más afectadas, pues los hogares con bajos ingresos son los que dedican una mayor proporción de sus sueldos al pago de luz y agua. De hecho, otro estudio predice que la pobreza entre los americanos negros y latinos aumentaría un 23% y un 26% respectivamente. Por su parte, la pérdida de empleos para 2035 sumaría 7 millones entre las personas de raza negra y 12 millones entre los de origen latino.

Por último, nos enfrentaríamos al hambre mundial. Con una restricción de las emisiones, no sólo resultaría más cara la energía producida con combustibles fósiles, sino que probablemente se destinarían a biocombustibles una mayor parte de las cosechas, en lugar de a la alimentación. Y eso pondría a millones de personas en riesgo de pasar hambre, especialmente en los países en vías de desarrollo.

En otras palabras, como ya ha explicado un escritor: “Las personas en situación de pobreza se verán obligadas a elegir entre comer y mantener las luces prendidas”.

Pero el Plan de Energías Limpias no se pondrá en marcha sin una pelea. Justo en este momento algunos miembros del Congreso y muchos líderes estatales se están posicionando para impugnar en las cortes de justicia la legalidad de este plan. Y aunque esa pelea será en Washington, es importante que los americanos de cualquier punto del país comprendan las consecuencias no deseadas de las normas bienintencionadas del gobierno.

Para saber más acerca de dónde viene realmente nuestra energía, revise este infográfico y vea este breve video animado de InformationStation.org.