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Nuevo informe revela pesimismo entre las pequeñas empresas

Probablemente no se lo oiga comentar a algunos de nuestros políticos, pero la economía no está yendo demasiado bien. Si no, pregúnteles a las pequeñas empresas.

Una nueva encuesta de la Federación Nacional de Empresas Independientes (NFIB) revela que los pequeños empresarios se volvieron mucho menos optimistas en enero. El índice de optimismo de las pequeñas empresas de la NFIB cayó 1.3 puntos en enero, hasta un global de 93.9, el más bajo desde febrero de 2014, continuando por otra parte con una tendencia a la baja desde hace más de un año.

El informe de la NFIB se hace eco de una reciente encuesta de Job Creators Network (JCN) que halló que sólo una de cada cinco pequeñas empresas planea contratar nuevos empleados el próximo año. Dos tercios de los encuestados indicaron que los elevados impuestos amenazan la viabilidad de sus empresas, mientras que tres quintas partes indicaron que la burocracia pública tiene el mismo efecto.

La interferencia del gobierno ha dado pie al pesimismo no sólo respecto a las ventas y beneficios previstos, sino también a las futuras condiciones empresariales en general. El estudio de la NFIB halló que en lo que respecta a las perspectivas de las empresas con vista a seis meses, los encuestados registraron el índice de optimismo más bajo en 27 meses. “La incertidumbre continúa nublando el futuro”, afirmaba el informe. “Los políticos prometen ‘cosas gratis’, pero eso implica menos libertad para los ciudadanos comunes y corrientes, que acabarán pagándolas”.

Siempre que se añade una nueva norma o mandato a la legislación, implica que los pequeños empresarios estarán obligados a perder aún más tiempo y dinero cumpliendo los requisitos de esas nuevas directrices. Eso hace disminuir las probabilidades de que la gente común y corriente prospere y contrate a más trabajadores, especialmente en el caso de los empleados principiantes, que son los más necesitados de habilidades y experiencia profesional.

Y lo mismo vale para los elevados impuestos (el tipo impositivo sobre sociedades de Estados Unidos es el más alto de todos los países desarrollados), que reducen los márgenes de beneficios y dejan menos dinero para la expansión de las empresas y su inversión en nuevos trabajadores. El sistema tributario americano es además extremadamente complicado, lo que obliga a que las pequeñas empresas tengan que pagar enormes sumas a asesores fiscales por sus correspondientes honorarios. Cerca de un 25% de los pequeños empresarios pasa más de 120 horas cada año lidiando con los impuestos federales, a los que hay que sumar los impuestos estatales y locales. Y puesto que las pequeñas empresas son eso, “pequeñas”, muchas carecen de los recursos para afrontar esos costos.

Es por ello por lo que JCN ha lanzado su campaña Bring Small Businesses Back (Reavivemos a las pequeñas empresas) como iniciativa para impulsar un cambio en tres aspectos clave: impuestos, regulaciones y acceso al capital. Las pequeñas empresas merecen normativas públicas inteligentes que les ayuden a tener éxito (al igual que quienes buscan empleo y dependen de ellas).