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La multa a Apple destaca la necesidad de una reforma tributaria

La Comisión Europea decidió recientemente que Apple le debe a la Unión Europea $14,500 millones en impuestos atrasados. Este dictamen sin precedentes se está justificando con la ley europea antimonopolio, que afirma que Apple recibió ayudas ilegales en forma de bajos impuestos en Irlanda, donde se encuentra su sede central internacional, frente a lo que realmente ocurrió: Apple pagó los impuestos que debía pagar legalmente.

Apple reubicó gran parte de sus operaciones y las envió a Irlanda, la llamada Isla Esmeralda, para huir de los gravosos impuestos sobre sociedades que existen en Estados Unidos. El impuesto federal sobre empresas es del 35%, el mayor del mundo desarrollado. Por su parte, Irlanda tiene un tipo del 12.5%, lo que la convierte en un lugar atractivo para las compañías americanas que tratan de expandir su actividad empresarial y crear más puestos de trabajo.

Para mantener a las compañías americanas en nuestro país y protegerlas de los burócratas europeos, Estados Unidos debería rebajar su impuesto sobre sociedades en línea con normas internacionales y poner fin a la práctica de la “doble tributación”, por el que las compañías de Estados Unidos tienen que pagar impuestos por las ganancias que obtienen en el extranjero tanto en los países donde se producen como cuando traen ese dinero de vuelta a Estados Unidos, mientras que las compañías extranjeras no tienen que pagar eso. Si tomamos en cuenta la doble tributación, los ingresos de las empresas americanas se gravan en más de un 55%, lo que deja a nuestras compañías en una grave desventaja competitiva.

Véalo de esta forma. Digamos que Ud. vivía en una ciudad pero se mudó a otra. Si las normas estuvieran establecidas de manera que Ud. tuviera que pagar impuestos en ambas ciudades (básicamente, la doble tributación), Ud. probablemente consideraría mudarse a la ciudad con los tipos impositivos más bajos.

No debería suponer por tanto ninguna sorpresa que las compañías americanas hayan acumulado más de $2 billones en el extranjero, para evitar así la doble tributación sobre las ganancias obtenidas en el exterior. Eso significa que no sólo se están yendo del país empresas innovadoras, sino que también se mantienen fuera de la economía de Estados Unidos importantes recursos, en un momento en el que se necesitan desesperadamente inversiones y creación de empleo.

Al bajar el impuesto sobre sociedades y simplificar el código tributario, los responsables políticos pueden animar a los creadores de empleo a quedarse y crecer en el país. Incluso podrían animar a Apple a traer de vuelta sus operaciones internacionales a Estados Unidos.